El ejemplo de Islandia en materia de políticas públicas, y el valor de las autoridades de fomentar y apostar en la inyección de recursos económicos en la cultura es plausible, sobre todo por el contexto económico que atravesaba el país europeo.
Tal como señala Néstor Canclini, todos los seres humanos poseen cultura, pero no todos pueden desarrollarla y acceder a la cultura en su sentido amplio, de conocer las diversas formas de vida, las variadas culturas de otros sitios y desarrollar los talentos artísticos que cada uno posee. Para esto, es necesario que “las políticas públicas de los Estados garanticen la diversidad cultural e intercambios más equitativos entre las metrópolis” (Néstor Canclini).
La premisa de este autor se ve reflejada en la política que ha ejercido la ministra de cultura de Islandia, Katrín jakobsdóttir, la cual ha implementado una serie de propuestas en materia cultural. Se aumentó las aportaciones a proyectos culturales independientes con una mezcla de soporte entre Estado y empresa privada, pero con una base principalmente estatal. El gobierno islandés repensó las relaciones de lo que en la cultura es negocio, industria y servicio, y fortaleció la propiedad intelectual. Los resultados avalan esta política, ya que el acceso a la cultura permitió un mayor desarrollo cultural para los mismos habitantes de esa nación y, además, provocó que la economía creciera a través del turismo y de los empleos que esta necesita para llevarse a cabo, entre otros.
A su vez, es pertinente destacar el modo de reorganización de las políticas públicas culturales desde la crisis económica y política del país europeo, a través de organizaciones ecológicas y juveniles generando las bases para fortalecer las redes culturales concretadas por su ministra de cultura al fomentar recursos en torno a la creatividad de proyectos artísticos independientes (cine, música, literatura, artes en general). Hoy, los artistas son uno de los pilares económicos de la isla, al complementar un amplio mercado industrial a través de la educación, gestionada con fondos Estatales y alianzas privadas.
Por otro lado, la industria de los videojuegos, la cinematografía y la música han aumentado de forma cuantitativa y cualitativa su nivel de creación, lo que permite un mejor desarrollo artístico. La cultura es un derecho humano, y así lo entendió este país. Es lamentable que en las sociedades occidentales la cultura sea observada simplemente como un bien de consumo por parte de los estados e industrias. Además, la cultura es un medio para implementar ideología por parte de conglomerados: Estados, Mercado e Iglesia, no se respeta la multiculturalidad, ni las diferencias culturales.
Islandia es un ejemplo a seguir en esta materia, ya que tomó la cultura como un eje central de su economía y desarrollo social, claro ejemplo para Latinoamérica en general, en donde se ha impuesto la multicultura como negación del otro y de lo de afuera. Mal encaminados están los Estados de occidente, en su mayoría, de llevar a cabo la cultura como la imposición y validación de una tradición y una forma de vida como significancia de cultura. Para fraseando a Néstor Canclini al utilizar las plataformas culturales como regalías y sacar provechos económicos contribuyen al desarrollo eficaz e integral del conjunto humano, de este modo, es necesario incluir diversos sectores sociales, otorgando herramientas desde aspectos educacionales para fortalecer aristas culturales, acompañado de cambios societales y tecnológicos, además del trabajo en conjunto entre mayorías y minorías. Asimismo, Islandia representa la idea material de cómo debe ser concebida la cultura en parámetros globalizados y postmodernistas, cohesionando ámbitos económicos, sociales y políticos.
Grupo tres (Andrés Vera, Nicolás Cuevas, Pablo Oyarzún, Jairo Urbina, Gonzalo Arce)
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarIslandia, radical paradigma cultural
ResponderEliminarEl ejemplo de Islandia en materia de políticas públicas, y el valor de las autoridades de fomentar y apostar en la inyección de recursos económicos en la cultura es plausible, sobre todo por el contexto económico que atravesaba el país europeo.
Tal como señala Néstor Canclini, todos los seres humanos poseen cultura, pero no todos pueden desarrollarla y acceder a la cultura en su sentido amplio, de conocer las diversas formas de vida, las variadas culturas de otros sitios y desarrollar los talentos artísticos que cada uno posee. Para esto, es necesario que “las políticas públicas de los Estados garanticen la diversidad cultural e intercambios más equitativos entre las metrópolis” (Néstor Canclini).
La premisa de este autor se ve reflejada en la política que ha ejercido la ministra de cultura de Islandia, Katrín jakobsdóttir, la cual ha implementado una serie de propuestas en materia cultural. Se aumentó las aportaciones a proyectos culturales independientes con una mezcla de soporte entre Estado y empresa privada, pero con una base principalmente estatal. El gobierno islandés repensó las relaciones de lo que en la cultura es negocio, industria y servicio, y fortaleció la propiedad intelectual. Los resultados avalan esta política, ya que el acceso a la cultura permitió un mayor desarrollo cultural para los mismos habitantes de esa nación y, además, provocó que la economía creciera a través del turismo y de los empleos que esta necesita para llevarse a cabo, entre otros.
A su vez, es pertinente destacar el modo de reorganización de las políticas públicas culturales desde la crisis económica y política del país europeo, a través de organizaciones ecológicas y juveniles generando las bases para fortalecer las redes culturales concretadas por su ministra de cultura al fomentar recursos en torno a la creatividad de proyectos artísticos independientes (cine, música, literatura, artes en general). Hoy, los artistas son uno de los pilares económicos de la isla, al complementar un amplio mercado industrial a través de la educación, gestionada con fondos Estatales y alianzas privadas.
Por otro lado, la industria de los videojuegos, la cinematografía y la música han aumentado de forma cuantitativa y cualitativa su nivel de creación, lo que permite un mejor desarrollo artístico. La cultura es un derecho humano, y así lo entendió este país. Es lamentable que en las sociedades occidentales la cultura sea observada simplemente como un bien de consumo por parte de los estados e industrias. Además, la cultura es un medio para implementar ideología por parte de conglomerados: Estados, Mercado e Iglesia, no se respeta la multiculturalidad, ni las diferencias culturales.
Islandia es un ejemplo a seguir en esta materia, ya que tomó la cultura como un eje central de su economía y desarrollo social, claro ejemplo para Latinoamérica en general, en donde se ha impuesto la multicultura como negación del otro y de lo de afuera. Mal encaminados están los Estados de occidente, en su mayoría, de llevar a cabo la cultura como la imposición y validación de una tradición y una forma de vida como significancia de cultura. Para fraseando a Néstor Canclini al utilizar las plataformas culturales como regalías y sacar provechos económicos contribuyen al desarrollo eficaz e integral del conjunto humano, de este modo, es necesario incluir diversos sectores sociales, otorgando herramientas desde aspectos educacionales para fortalecer aristas culturales, acompañado de cambios societales y tecnológicos, además del trabajo en conjunto entre mayorías y minorías. Asimismo, Islandia representa la idea material de cómo debe ser concebida la cultura en parámetros globalizados y postmodernistas, cohesionando ámbitos económicos, sociales y políticos.
Grupo tres (Andrés Vera, Nicolás Cuevas, Pablo Oyarzún, Jairo Urbina, Gonzalo Arce)