En Vicuña Mackenna 37 se abrió este martes el museo que alberga la obra visual de la autora de Volver a los 17, y que ya ha recibido más de 1.400 visitas. Dos salas recogen su universo colmado de cantores, aves, guitarras y donde la muerte está siempre presente.
(La Tercera, Cultura / oct.12 ) “Yo soy un pajarito que puedo subirme en el hombro de cada ser humano, y cantarles y trinarles con las alitas abiertas; cerca, muy cerca de su alma”, le escribía Violeta Parra a su pareja Gilbert Favre en un carta enviada a Buenos Aires. Era 1961 y la cantautora estaba lista para emprender el vuelo y abrirse al mundo. Ese mismo año cruzó la cordillera y se instaló en la Pampa argentina, en la provincia del General Picó, iniciando una de sus épocas más prolíficas. Canta, pinta, borda, hace recitales y exposiciones. En tres años más alcanzará la cima de su vuelo artístico al convertirse en la primera latinoamericana en exponer sus obras en el Pavillon de Marsan de Artes Decorativas del Museo del Louvre, en Francia. Por esos días ya vive entre Ginebra y París, dando rienda suelta a su libertad creativa, reflejada siempre en sus óleos y arpilleras por aves que, en su condición de peregrinas, estuvieron por décadas desperdigadas por el mundo.
Violeta Parra regalaba obras a sus amigos extranjeros, algunas fueron heredadas y guardadas por su familia, varias también fueron recuperadas en los 90, cuando su hija Isabel recibe una nota, después de un concierto en Ginebra, (“soy Daniel Vittet y tengo los cuadros de Violeta”), mientras que muchos siguen en colecciones privadas desconocidas.
Desde esta semana, la colección que custodia desde 1992 la Fundación Violeta Parra tiene al fin un lugar donde exhibirse. El martes se abrió al público el Museo Violeta Parra, un edificio de 1.300 metros cuadrados, diseñado por el arquitecto Cristián Undurraga y ubicado en Vicuña Mackenna 37, a pasos de Plaza Italia. Seguir leyendo...
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